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¿Nueva apertura migratoria o parches hasta el 2020 o programa premeditado?

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No es un tema nuevo que Japón anuncie una “tibia apertura” de mano de obra extranjera para determinados sectores donde hay escasez de mano de obra.

A finales de los ’80 y formalmente desde los ’90 lo hicieron con los descendientes de japoneses del exterior, los nikkei, y posteriormente con los estudiantes extranjeros en sus diversas variantes que hoy en dia sigue, y desde hace unos años la apertura dirigida de practicantes “gino jisshu” que ya supera a los latinoamericanos que tienen un cuarto de siglo en Japón. En unos años han ingresado una cantidad nada despreciable.

 La presión o lobby que ejercen los grupos económicos y las cámaras empresariales de cada sector hacen que de tanto en tanto permitan el ingreso de trabajadores extranjeros bajo determinadas modalidades híbridas porque no quieren romper con la premisa básica de que Japón no recibe ni recibirá mano de obra no calificada. Aunque luego trabajen 12 a 14 horas (ilícitamente) en fábricas, geriátricos o en mantenimiento de obras de infraestructura, todo debe estar argumentado y catalogado de que es para un objetivo preciso como la capacitación técnica, pasantía para facilitar la producción de las empresas japonesas ubicadas en China, Vietnam, Tailandia, Filipinas, etc. O sea, no es por capricho ni por improvisación. Incluso, los que están tanto en el agro como en una precaria fábrica de enlatado de pescados, están para cubrir una necesidad que con personal local no es posible abarcar.

Y la pregunta que surge es por qué necesitan personal extranjero cuando Japón posee la tasa más baja de desempleo entre los países industrializados y prácticamente está en pleno empleo. De todos modos, 3.1% (agosto de 2016) implica que 2.120.000 personas están desocupados y registrados en las Oficinas Pública de Empleo para “buscar un trabajo”. No es una cifra pequeña pues no hay que olvidar que la población laboral activa llega a 50 millones. Cualquiera podría afirmar que si esos 2 millones de trabajadores que ahora están cobrando el subsidio de desempleo se pusieran a trabajar en los puestos donde escasean personal, se podría decir que no haría haría falta casi ningún extranjero.

Sin embargo, no es fácil compatibilizar la oferta y la demanda laboral. Hay sectores manufactureros, producción de alimentos, procesamiento de pescado, agricultura y embalaje, construcción y mantenimiento de carreteras, puentes y túneles, principalmente de las pequeñas y medianas empresas que aunque no tengan mucho margen financiero estarían dispuestos a pagar los pasajes y demás gastos de estadia de practicantes nepaleses, vietnamitas y filipinos. Son los que vienen con el visado de “gino jisshu” que en realidad pueden trabajar para “aprender el trabajo como practicante” para luego aplicarlo en su país o en las empresas japonesas radicadas allí. Lo mismo está pasando en los geriátricos donde hay escasez de mano de obra.

 El Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar Social, señala que un poco más de 900.000 extranjeros están trabajando y que últimamente hay un incremento notorio de asiáticos que solo con el visado de “gino jisshu” se contabilizan unos 300.000 extranjeros, de los cuales 110.000 son vietnamitas y 106.00 son filipinos y casi 40.000 son nepaleses, etc. A eso hay que agregar a los 246.679 estudiantes extranjeros con visado de “ryugaku” que permiten el trabajo por 28 horas semanales, de los cuales 108.331 son chinos, 49.809 vietnamitas y 20.278 nepaleses, etc. Desde luego, en el caso de los estudiantes pueden trabajar solo la cantidad de horas permitidas y por ende es limitado, pero no son pocos los que se prestan a trabajar en negro y cobrar de esa misma manera porque necesitan esos ingresos para enviar a sus familias o pagar deudas contraídas. O sea, son mano de obra preciada en Japón porque trabajan en la precariedad durante muchas horas y sin protestar (si se descubre que han excedido el límite son deportados).

 También, hay un número reducido de extranjeros que vienen bajo el convenio del EPA que es un tratado de asociación económica equivalente a un TLC (Tratado de Libre Comercio), donde contempla el ingreso de personal más calificado para objetivos más precisos, como la salud. Por eso, han ingresado enfermeras de Indonesia o Filipinas pero son muy pocas las que en sus tres años de estadía han logrado dominar el japonés y rendir exitosamente la licencia nacional de enfermería. Dentro de este contexto, la administración ABE desea ampliar las zonas económicas especiales “tokku” en diferentes regiones del Japón para que médicos, abogados y otros profesionales extranjeros puedan ejercer su profesión previa registración y requisitos exigidos, pero suelen ser zonas desreguladas donde no hace falta cumplir con todos los requerimientos habituales.

Es una manera de fomentar el desarrollo y la reactivación económica con más presencia de capital extranjero, y es para facilitar que empresas extranjeras y los ejecutivos y sus familias puedan gozar de un ambiente social y coberturas en su propio idioma o por lo menos en inglés. No es un número importante, pero la idea es ampliar un poco más estos programas aprovechando la organización y ejecución de las Olimpíadas 2020 de Tokio.

De cualquier manera, todo apunta a paliar baches y necesidades actuales pero sin una visión muy clara de lo que quieren con los extranjeros. Lo que sí queda claro es que ellos no optarían como en Europa que la migración extranjera sea un paliativo de la disminución poblacional.

El argumento de que la baja tasa de fecundidad y el aumento de la población pasiva (jubilados) es un problema que incidiría negativamente en la producción, el consumo y la existencia misma de la sociedad japonesa, puede llegar a no ser tan convincente si se parte de otras premisas con otras variables. El paradigma actual no parece dar respuestas en ninguna parte del mundo y algunos expertos cuestionan que una situación de menos consumo, población y producción, lleve a una sociedad a la postración y la disminución de la riqueza nacional. Japón, es un país maduro en el consumo y en estos tres decenios ha experimentado un progreso inimaginable (medianos de los ’80 en adelante) y una recesión que sin llegar a situaciones críticas ha afectado al poder adquisitivo de la gente, a la creación de más desigualdad y precariedad laboral como consecuencia de las reestructuraciones industriales (desde mediados de los ’90 hasta hace unos años atrás). Sin embargo, no son pocos los expertos en políticas públicas que están evaluando cómo mantener o garantizar un cierto bienestar dentro de una reducción poblacional con menos gastos en seguridad social y presión tributaria. Es muy posible que los japoneses prefieran esta alternativa que las recetas de Europa.

 Y el razonamiento de que si hay escasez de mano de obra contraten primero a los japoneses parados no es de fácil aplicación porque por ese “precio” no están dispuestos a trabajar. Eso pasa con el agro como en el sector servicios de los Estados Unidos como de Europa. Por eso, la Unión Europea se vió obligado a “incorporar nuevos socios” para ampliar mercados pero también para tener mano de obra barata. En Japón no es que no hayan enfermeras ni personal para geriátricos y servicios de salud, pues hay cientos de miles de mujeres que tienen estudios y las respectivas licencias profesionales, pero que ahora no pueden, no quieren o no necesitan trabajar bajo las actuales condiciones y en los horarios donde hay más demanda (nocturnos y días de descanso). Se puede apreciar que hasta en las tiendas de conveniencia, en los horarios nocturnos y matinales, ya no es inusual encontrar empleados extranjeros que son estudiantes que están en alguna universidad o escuela técnica.

 La gran mayoría de los jóvenes y no tan jóvenes japoneses tienen en mayor o menor medida algún empleo y por su formación o posible capacitación posterior ya no tienen la necesidad de trabajar en fábricas o en tareas no calificadas y mucho menos en horarios nocturnos. E incluso, aunque ganen menos prefieren priorizar el tiempo y espacio para sí mismo o el de estar con sus amistades o con la familia o simplemente no estar atado a más trabajo y obligaciones ligadas al empleo. Las nuevas generaciones tienen un pensamiento muy diferente a los de la posguerra y por el bienestar en que han crecido y viven actualmente, no les interesa mucho lo material como comprar una casa o un coche de más de 2 millones de yenes. Además, comprenden que viven en una sociedad que con sus limitaciones está bien acondicionado toda la infraestructura y que tanto en la seguridad y tranquilidad social no hay nada comparable con los países asiáticos cercanos. Los que han viajado al exterior, sea por estudio o placer, se van dando cuenta de que prefieren mantener lo que tienen o conformarse incluso con menos pero estar más seguro en su propio mundo.
trabajadores2Por ende, para los extranjeros ambiciosos y con ganas de estudiar y/o trabajar en Japón es una oportunidad muy atractiva, máxime cuando vienen de países en desarrollo o de bajo desarrollo como lo es Nepal, Myammar, Filipinas, etc. Los estudiantes que están en las escuelas técnicas “senmon gakko” no escatiman esfuerzos y cuando van finalizando sus carreras no desperdician ninguna oportunidad para quedarse en Japón y hacer experiencia laboral. Para todos estos extranjeros Migraciones les otorga la posiblidad de tener un visado de enganche para que puedan buscar un empleo en 6 meses que es renovable por otro seis. Obviamente, están dispuestos a trabajar en lo que sea y aprovechar cualquier alternativa, pues en sus países no tienen empleo o si lo tienen son con ingresos irrisorios. Mientras exista estas necesidades y situaciones contradictorias en los países de la región y en el mundo, nada impedirá que Japón permita el “ingreso programado y dirigido” de extranjeros, sea para tareas calificadas o no. Migraciones dará toda la “cobertura legal” para que los geriátricos, hospitales, hoteles, haciendas y fábricas, puedan captar esta mano de obra. Además, la resistencia interna de los japoneses es mínima, pues la tasa de desempleo sigue baja.

Alberto Matsumoto
Colaborador